
Myeik, la vida antes del turismo
omo manchas dispersas en el mar surgen las 800 islas del archipiélago de Myeik, al sur de Myanmar (antigua Birmania). Puerta de acceso al país, este territorio prohibido al turismo, y por ende a la globalización, ha permanecido virgen hasta que hace unos años se abrió al exterior. Sin apenas alojamientos –solo hay dos hoteles– e infraestructuras, visitarlo implica aislarse en un ‘nuevo mundo’ desconocido.
Este mundo pertenece a los moken, conocidos como los ‘gitanos del mar’. Unas tribus nómadas del agua que emigraron desde el sur de China hace unos 4.000 años. Los moken llevan miles de años sumergiéndose –sin ningún tipo de aparato de respiración externo– en estas aguas para pescar erizos de mar y perlas. Su hogar son los ‘kabang’, unos delgados botes de madera hechos a mano con un techo en el medio en los que guardan todas sus pertenencias. Estas embarcaciones se cruzan con las barcas de visitantes que se mueven entre las islas dispersas a lo largo de 400 kilómetros por el mar de Andamán, donde confluyen aguas tailandesas, birmanas e indias.

Sabores exóticos en Myeik
Platos de cocina birmana, india y china se suceden en sus restaurantes, además de excelentes tiendas de té en el casco antiguo. En el mercado de Myit Nge preparan el famoso ‘snack’ Ar Pone, una torta con huevo y coco rallado. Y en los puestos nocturnos de Strand Road hay que probar su gran selección de curris.
Kawthaung, en el extremo más meridional de Myanmar, es uno de los dos puertos de entrada al archipiélago. Está separado de Tailandia por el estuario en el río Pak Chan, donde los barcos pesqueros de calamares iluminan por la noche toda la costa. El otro puerto de acceso está en la ciudad de Myeik, la más importante de la región, con una orgullosa historia náutica, y que aloja algunos de los edificios de la era colonial mejor conservados del sudeste asiático.
Además de las excursiones en barcos que salen desde Kawthaung y Myeik, las islas se exploran con veleros en modalidad ‘liveaboard’. Burma Boating es una de las compañías que ofrece circuitos a bordo de embarcaciones que quedan suspendidas durante días en mitad del mar, sin wifi ni servicio de teléfono. La experiencia va unida al contacto con los moken. Es habitual que la tripulación de estos cruceros intercambie con las tribus alimentos como huevos, arroz y agua (dulce) –un bien muy preciado para estos nómadas del mar– a cambio langostas y otros manjares recién pescados.

La mayoría de las islas cercanas a la costa son en gran parte planas y están cubiertas de manglares, acantilados y playas de arena blanca. Lampi –primer Parque Nacional Marino del país por su increíble ecosistema– es la más grande y famosa en la mitad sur del archipiélago. Cocks Comb , ‘la isla del corazón esmeralda’, es un lugar ideal para bucear entre tiburones y practicar snorkel cuando la marea retrocede. Y en Macleod la conexión con la naturaleza es inevitable en cualquiera de las actividades disponibles en su territorio: trekking, kayak, snorkel, observación de aves o safari por la jungla. Junto con Nga Khin Nyo Gyee es la única que cuenta con un hotel donde alojarse.

Aunque muchas islas están deshabitadas, otras como Nyaung Wee o Bo Cho cuentan con aldeas de asentamientos moken. Las tribus, que tradicionalmente pasaban nueve meses al año en el agua y solo la temporada de monzones en tierra, están variando sus costumbres. El archipiélago se abre a los viajeros (y al mundo), pero todavía permite descubrir la mitología y forma de vida únicas de estas tierras vírgenes.










